XI Seminario «Cultura de Paz desde Andalucía»: Las revoluciones democráticas y la paz en los países árabes

Justificación En estos meses, semanas y días, en la segunda década del siglo XXI, estamos viendo como los pueblos de los países árabes, se suman a demandas por una existencia justa, digna y pacífica. Las reivindicaciones de participación política, de democratización se ha extendido por muchos países como un valioso desafío al establishment que frenaba estas peticiones. En estos movimientos se muestra el «empoderamiento» de los pueblos que en la mayoría de los casos se producen por medios pacíficos, circunstancia, esta última, que le da para nosotros un mayor reconocimiento e importancia.

Al interés por estos fenómenos se suma, la complejidad de abordar asuntos relacionados como el desarrollo económico y social sostenible; el entendimiento, la tolerancia y solidaridad entre los pueblos, las naciones y dentro de ellas; el respeto de los derechos humanos, la consolidación de principios y prácticas democráticas; la educación y la igualdad entre mujeres y hombres; la comunicación participativa y la libre circulación de información y conocimientos, que podrán ir ganando terreno mediante la promoción y el fomento de la Paz en las diversas culturas. Todo ello convierte a estos movimientos sociales en experiencias que deben ser asumidas, estudiadas y difundidas, por todas aquellos investigadores, centros y universidades que se sientan comprometidas con la promoción de una Cultura de Paz.

Este Seminario pretende abordar desde la Investigación para la Paz, con una perspectiva científico-académica interdisciplinar global y comprometida, el análisis y comprensión de estas realidades que suponen nuevos desafíos para la construcción de un mundo pacífico, sostenible y justo.

Cronograma Provisional

Miércoles 22 junio

  • 19’00 h. Actividad previa: Reunión del Comité Académico del Master Interuniversitario de Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos.

Jueves 23 junio

  • 10’00 h. Actividad previa: Reunión del profesorado Master Interuniversitario de Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos.
  • 12’30 h. Descanso
  • 13’00 h. Continuación
  • 14’00 h. Almuerzo
  • 19’00 h. Acto público (Mesa redonda): Las revoluciones democráticas y la paz en los países árabes, coordinado por Manuel Torres Aguilar (Director de la Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos de la Universidad Córdoba)

Viernes 24 junio.

SEMINARIO Las revoluciones democráticas y la paz en los países árabes.

  • 10’00 h. 1ª Sesión
    • Ponente: Isam Al AryánEl papel de los Hermanos Musulmanes en la democratización de Egipto.
    • Relator: Rafael Ortega (Casa Árabe de Córdoba)
  • 11’30 h. Descanso
  • 12’00 h. 2ª Sesión
    • Ponente: Sirim Adlbi SibaiEl papel de las mujeres en las manifestaciones en Yemen
    • Relator: Alfredo Witschi (Ex-Funcionario de Naciones Unidas, Proyecto de Excelencia Cultura de Paz en Andalucía)
  • 14’00 h. Almuerzo
  • 17’00 h. 3ª Sesión
    • Ponente: Mohamed KrichenApoyos y resistencias a las revoluciones árabes. El caso de Túnez
    • Relator: Taiseer Alony (Al-jazeera)
  • 18’30 h. Descanso
  • 19’00 h. Sesión Final, coordinada por Taiseer Alony (Al-jazeera)

Traductores: Murad Zarrouq, Abdul Rahim Abkari.

Curso «Paz, Conflictos y Convivencia»

La Cátedra UNESCO de Ciudadanía, Convivencia y Pluralismo, durante sus dos años de existencia, ha trabajado especialmente temas relacionados con la Ciudadanía y con el Pluralismo. Este curso el acento lo ponemos en la Convivencia en el marco de la Paz y los Conflictos. Pretendemos una reflexión fundamental sobre la paz, que a la vez sea operativa para afrontar los problemas que tenemos actualmente, los de todos y los que derivan de nuestra específica implicación en los efectos de la violencia por motivos políticos. Para esta reflexión nos apoyamos en los trabajos que las Cátedras, Escuelas, Seminarios y Fundaciones para la Paz de nuestro entorno realizan y que serán presentados a lo largo de estos tres días.

Violencia y noviolencia

En general, se ha hecho referencia al fracaso de la comunidad internacional en los conflictos yugoslavos o en Ruanda. Hoy, pasados unos años, podríamos hacer balance y preguntarnos qué arreglaron aquellas intervenciones. Recordemos que, si bien los bombardeos de la OTAN en Bosnia (1994) liberaron Sarajevo, no acabaron con las matanzas. El ejemplo más dramático de toda la contienda, el asesinato de 8.000 bosnios en Srebrenica, fue perpetrado frente a las fuerzas de los cascos azules de la ONU, quienes no hicieron absolutamente nada para proteger a aquella población.

Otro ejemplo. Más tarde, para proteger a los kosovares, la OTAN bombardeó Serbia (1999). Aquellos ataques desprestigiaron y tiraron por el suelo la resistencia activa noviolenta preconizada por el líder kosovar Ibrahim Rugova y ayudaron a instalar en el poder al jefe de la UCK, Ashim Thaci. Una guerrilla que recibía ayuda de EEUU y además se financiaba (ya se sabía entonces) de la prostitución, el tráfico de drogas y de órganos humanos (esto lo sabemos hoy). Una vez instalado el nuevo Gobierno albanokosovar, prosiguieron las hostilidades y las represalias. Pero esta vez contra la minoría serbia, 200.000 kosovares serbios fueron expulsados de sus hogares y, los pocos que se quedaron refugiados al norte del río Ibar piden hoy la autodeterminación y la anexión de su territorio a Serbia. Es decir, ni las bombas ni la intervención de la OTAN acabaron con las matanzas ni la limpieza étnica, ni tampoco con el régimen criminal de Milosevic. Y si este cayó en el año 2000, fue gracias a las revueltas populares no violentas que dieron al traste con aquel sátrapa que luego sería entregado al Tribunal Penal Internacional.

Respecto al genocidio de Ruanda en 1994, también puesto como ejemplo de inacción internacional, se debe recordar que, en la región de los Grandes Lagos, las atrocidades entre hutus y tutsis se remontan a decenios anteriores. Entonces, la responsabilidad de la comunidad internacional es por no haber arbitrado medidas de mediación que impidieran el genocidio, no por la tardía intervención militar, pues la operación Turquesa para frenar el genocidio acabó apoyando a la guerrilla tutsi. Además de ayudar a expulsar a un millón de hutus hacia la República Democrática del Congo, una vez instalada en el poder, lanzó acciones de represalia contra los supuestos responsables del genocidio, produciendo nuevas matanzas. Hoy, Paul Kagame, el presidente tutsi del Gobierno ruandés, tiene abiertos procesos en Francia y España acusado de crímenes contra la humanidad. Por lo tanto, tampoco parece que la intervención militar en Ruanda fuera muy eficaz ni favoreciera la protección de la población civil.

Pero aún hay más. Los defensores del derecho a proteger con intervenciones militares humanitarias no dicen nada de las causas de violencia estructural que originan muchos de los conflictos actuales en el mundo. Los organismos internacionales que regulan las políticas económicas y comerciales transnacionales (OCDE, BM, FMI, UE) son señalados por múltiples analistas como una de las causas que originan conflictos. Estos adoptan medidas que en general van dirigidas a eliminar la protección de las economías locales para favorecer el comercio internacional y que siempre van acompañadas de exigencias de ajustes para que se reduzca la protección social. Medidas que acaban desestructurando el tejido social, generan paro, marginación, y en algunos casos haya quien se convierta en delincuente o se enrole en grupos armados como medio de subsistencia. Entonces, ¿cómo se puede clamar por intervenciones militares a causa de violaciones de los derechos humanos cuando entre las causas que originan los conflictos hay una responsabilidad directa de quienes gobiernan esos organismos internacionales? Intervenciones para implementar una paz liberal (M. Duffield, 2001), término que designa de manera apropiada las intervenciones militares de la comunidad internacional.

Ahora volvamos a Libia. Los rebeldes tomaron el camino de las armas abandonando la senda que dio el triunfo a las revoluciones no violentas de Túnez y Egipto. Cierto es que ese camino lo inició Gadafi para reprimir las protestas, pero los rebeldes deberían haber reflexionado sobre el alcance de tamaña decisión, pues empuñar las armas para conseguir una reivindicación política es apostar por un final violento, y eso abre una espiral de difícil control y de final incierto donde puede haber represalias y matanzas en ambos lados. Además, hay que añadir un hecho diferencial al resto de revoluciones: entre los rebeldes hay ministros y generales que hasta hace poco formaban parte del régimen de Gadafi, y todo apunta a que se trata de una lucha para hacerse con el poder mediante un golpe de Estado. Y otro elemento, la cuestión tribal. En la región de Bengasi, los rebeldes son de un clan opositor del de Gadafi que gobierna en Trípoli. ¿Qué ocurrirá si el clan de Bengasi vence gracias a la ayuda exterior y los rebeldes entran en Trípoli? ¿Se repetirán las tristes experiencias vividas de las matanzas de las guerras de la exYugoslavia y Ruanda? La violencia armada de tantos grupos que decían luchar por la emancipación ha demostrado ser un error de proporciones colosales. Recordemos que aquellos grupos que alcanzaron el poder mediante la fuerza de las armas sólo con las armas se pudieron mantener. En el caso de Libia se vuelven a repetir los mismos errores del pasado.

Pere Ortega es coordinador del Centre Delàs d’Estudis per la Pau (Justícia i Pau)

Leer artículo